Tenía ganas de escribir esta sesión de Mouse Guard RPG que jugamos el pasado día 13 en las jornadas de Hominidos en Granollers. Era mi primera partida completa de Mouse Guard RPG (antes había realizado pequeñas pruebas del sistema) y el resultado para mí fue muy satisfactorio.
Los jugadores fueron Gus (LtGoose en la BSK), José Carlos (Wkr, el hacedor de la BSK) y Víctor Melo (Melo en la BSK, campeón de Barcelona de Brass y autor de El Mercado de Tlatelolco ). Pude además estrenar mi nueva torre de dados que Gus me regaló para mi cumpleaños, una pasada.
En Mouse Guard RPG, los jugadores encarnan a los miembros de la Guardia Ratonil que realiza misiones para mantener la paz y la tranquilidad en los Territorios. Desde su fortaleza en Lockhaven, la Guardia es enviada a las más diversas misiones.
Para la ocasión elegí la misión que viene incluida en el libro, titulada “Entregar el correo” y la seguí bastante a rajatabla para sentirme cómodo con el sistema. Si vas a jugar a Mouse Guard quizá sea un spoiler como una casa, pero el master siempre puede cambiar la historia fácilmente o simplemente la historia puede desembocar en varios giros según el resultado de las tiradas.

Foto de la partida de Granollers. El autor es Kokorin, aparecida en su blog Kokörîn Kolorado
Entregar el Correo
Dain (Gus) y Quentin (Víctor), dos Patrulleros de la Guardia, son convocados por la matriarca de Lockhaven, Gwendolyn, a una reunión en la sala de mapas. Les acompaña el pietierno Robin (Wkr), un inquieto jovenzuelo que quiere ganarse un puesto en la Guardia.
Robin le trae un presente a Gwendolyn en forma de jersey. La matriarca agradecida se interesa por la formación que ha recibido el pietierno en su estancia en Lockhaven y su mentor, Quentin (Víctor) le explica que ve buenas aptitudes en él.
Gwendolyn les encarga una misión bastante común al acabar el invierno y aparecer los primeros síntomas de la llegada de la primavera, entregar el correo en varias ciudades y pueblos de los Territorios. El recorrido es sencillo y los ratones deberán dirigirse primero a Elmoss luego a Sprucetruck (hogar natal de Dain y Quentin) y finalmente visitar las aldeas de Dorigift y Gilpledge. En cada uno de estos lugares deberán entregar el correo que se ha recibido en Lockhaven durante los últimos meses y que es esperado con entusiasmo.
La patrulla está decidida a partir pero Robin, en su empeño de demostrar su valía, pide quedarse toda la noche despierto para fabricar una carretilla que les ayude a transportar el saco de correo. Los dos veteranos acceden y a primera hora de la mañana parten de Lockhaven en dirección a Elmoss, con su carretilla y el correo.
El ambiente fresco y saludable de la mañana primaveral invita al paseo y Dain decide animar el trayecto con su lira. El camino está perfectamente marcado y los ratones llegan a Elmoss sin novedad alguna, entregan el correo y parten hacia Sprucetruck. Dain y Quentin se alegran de visitar a sus padres en la ciudad científica por excelencia de los Territorios. La madre de Quentin no deja que los ratones se marchen sin que se lleven una de sus deliciosas tartas y Robin da buena cuenta de ella tras haber pasado la noche sin dormir mientras fabricaba el carro.
Al pedir sobre lo que resta de trayecto, los ratones de Sprucetuck no saben dar demasiadas indicaciones porque no salen demasiado de la ciudad debido a lo peligroso de las áreas salvajes que rodean la zona. De todas formas les advierten de que el camino ya no es tan claro y que quizá encuentren algún obstáculo.
La suposición se hace realidad cuando la patrulla se encuentra con un gran charco, más grande que un lago (para los ratones, claro está) y que difícilmente pueden rodear por estar el terreno lleno de barro y parches de nieve. Los ratones intentan pasar por la zona de barro mediante una ingeniosa idea de Robin, que fabrica unas raquetas de nieve con unas ramas de un árbol. El pietierno, atado a una cuerda y con la ayuda de las raquetas se adelanta a los otros dos ratones y camina lentamente por si se empieza a hundir. Desgraciadamente, la inventiva de los ratones no surgió efecto y abandonaron el intento al ver que el barro les empezaba a engullir de forma muy peligrosa.
Los ratones decidieron descansar en el hueco de un tronco y esperar a que el sol se hiciera cargo del charco hasta que fuese practicable. No acababan de colocar sus enseres en el hueco cuando oyeron el típico graznido de un cuervo que se acercó a ellos mientras dirigía su mirada traviesa y pícara a los botones brillantes del saco de correo. La Patrulla defendió el correo de forma encomiable, mediante ataques directos a los ojos del cuervo, intentando despistarlo con el brillo que proporcionaban los cristales de las gafas de Dain, clavando una lanza en el saco para que no se lo pudiera llevar,… pero los intentos fueron en vano y el cuervo consiguió finalmente llevarse su botín. Los ratones consiguieron no obstante quedarse con algunas cartas y seguir el vuelo del pájaro. Su obligación como Guardia Ratonil les llevó a perseguir el animal hasta que encontraron su nido. Dain y Quentin escalaron rápidamente el árbol sin que el cuervo se diese cuenta y, afortunadamente, encontraron el saco en el mismo nido del ave. Habían recuperado el saco pero tampoco sabían si en el combate y con el traslado del saco por parte del cuervo, se habían perdido algunas cartas.
La patrulla siguió hasta Dorigift y en la pequeña aldea fueron recibidos como héroes. Nadie se quejó de la falta de alguna carta, pero tampoco nuestros héroes estaban seguros de que faltara alguna.
La siguiente y última parada fue Gilpledge y ahí los ratones aprovecharon para descansar y realizar tareas propias una vez entregado el correo (que también parecía estar completo). Robin decidió calmarse un poco bebiendo en la pequeña taberna de la aldea. El encargado escuchó la aventura con el cuervo y como Robin se había enfadado un poco porque durante la persecución del cuervo casi se habían perdido por culpa de sus otros compañeros. El tabernero no estaba para muchas batallas y acabó por echar amablemente a Robin de la taberna.
Por su parte, Quentin recuperó su gran afición: la cartografía. Mediante los datos que pudo recopilar de su propia experiencia y de los detalles que le explicaron otros ratones pudo confeccionar un detallado mapa del trayecto con especial mención a la zona donde opera el cuervo, desde ese día su nuevo enemigo.
Dain decidió tocar su lira para calmar los nervios por la aventura que habían vivido y que a punto estuvo de suponer un fracaso para la misión.
Desgraciadamente, en este momento a los jugadores se nos hizo la hora de comer y dejamos la partida, con un gran sabor de boca (creo) entre todos nosotros.



