La jornada del sábado comenzó poco antes de las nueve de la mañana. Creíamos que el desayuno era a esa hora y resultó que era a las diez. Así pues, tras dormir unas escasas tres horas, nos pusimos Wkr y yo a darle al Roma, un juego curioso, con un uso inteligente de los dados y con el problema de estar mirando continuamente la referencia de las cartas porque los iconos son de lo más confuso.
El siguiente juego después del desayuno fue el Dragon’s Gold que contó con la presencia de cinco participantes (ilopez10, kons_11, junjo, Wkr y un servidor) ¡Vaya juego más majo! Eso de estar colaborando en una fase para matar a los dragones e inmediatamente tener solamente un minuto para repartirse el botín tiene que ser sinónimo de buen juego. Por supuesto, quedé último.
Se acercaba el mediodía y dejé a un lado los eurogames para adentrarme en el mundo de los wargames junto con Guillermo (kons_11). Antes de la celebración de las convivencias ya habíamos acordado una partida de Lock’n’Load Band of Heroes. Guillermo tenía problemas para entender el reglamento y de esta manera le pude enseñar como se juega y además descubrió que, tras un reglamento desastrosamente escrito, se esconde un juego sencillo (en el ámbito de los wargames) y muy emocionante. La partida parecía decantarse hacia mi bando pero mi contrincante jugó unos grandes últimos turnos aunque no le fue suficiente. La batalla se decidió en un último asalto cuerpo a cuerpo que gané yo.
Había una sorpresa preparada para todos los asistentes a las jornadas, un sorteo de juegos con algún título cedido por homoludicus y Nosolorol. Por supuesto, a mi no me tocó ni un churro pero me alegré por los ganadores, sus caras denotaban alegría.

Los afortunados ganadores posando con sus trofeos…
Por la tarde tenía la única partida acordada de las convivencias, la de El Club de los Martes de Wkr. Antes tuve tiempo de aprender a jugar al Mr. Jack, que me gustó bastante. Es un juego sencillo de deducción, al que le veo más rejugabilidad de la que aparenta y que a medida que acumulas partidas vas descubriendo truquillos. Al final fue al juego que más jugué durante las convivencias porque siempre había alguien dispuesto a sentarse frente a mí.
Las cinco de la tarde. Nos juntamos el maestro de ceremonias Wkr escudado por su fiel mayordomo Cauchemar. La reunión de El Club de los Martes comenzaba un sábado con la compañía de Pablete, Alzarot, Hawckers y Álvaro. Fue una hora apasionante, El Club de los Martes es un gran juego y junto con las personas adecuadas se convierte en una experiencia nueva, gratificante y sobre todo muy divertida. Pronto haré una reseña.
Los jugadores de El Club de los Martes vestidos de época para la ocasión…
Antes de la cena hubo tiempo para un Bonhanza que echó chispas. Gixmo, Hawckers, Álvaro, Joaquín y Ricardo nos metimos de lleno en la partida y la negociación del turno final fue todo un ejemplo de lo que un buen juego de cartas puede llegar a conseguir. Ofertas, contraofertas, adulaciones, amenazas, todo lo imaginable para conseguir esas judías que nos faltaban. Al final, con tanto negociar, no nos dimos cuenta de que el auténtico beneficiado era Hawckers, que acabó ganando la partida.
En este momento aún no se mascaba la tensión del último turno…
Llegó la hora de la cena y, aunque parezca mentira, estaba un poco saturado. Sin casi ni pensarlo, nos encontrábamos Pablete, Bethesda, Wkr y yo yendo rumbo a una pizzeria de Alcalá de la que nos habían hablado maravillas Bethesda y Wkr. No mentían, no. Acabé saciado y notaba que no necesitaba comer en unos cuantos días. Para digerirlo, nos fuimos a una cervecería para bajar mejor la comida.
Obsérvese el bonito tablero wargamero que hay colgado en la pared. Wkr, Bethesda y yo (bowie). Hace la foto Pablete.
Al volver, turno para el Villa Paletti. Fue una partida divertida a la que ni hicimos caso a las reglas, nuestro único objetivo era completar la torre, cosa que no conseguimos. Los juegos de poca atención intelectual siguieron pasando por nuestra mesa y se llevó la palma Avioneta Piruetas. Está en la lista de mis futuras compras, es de esos juegos de habilidad a los que no puedes dejar de jugar, a pesar de que el contrario haga trampas (¡Wkr que te veo!)
Villa Paletti, un juego en el que no hay que ponerse nervioso.
La noche se echaba sobre mi cabeza y de cada vez me sentía más débil y dormido. Le dimos otro tiento a las pirámides y se unió Pol, de Lapcra, a nuestras partidas. Quise jugar a algo más pero mi cerebro estaba en huelga, mis manos habían decidido dormir y mis piernas pedían un descanso. Un grupo nutrido nos fuimos a dormir a la vez (que no a la misma cama) y, frikis de nosotros, estuvimos un buen rato hablando antes de meternos en la piltra. Es que no tenemos remedio…
A Pablete está a punto de salirle un rayo láser por los ojos…
Mañana, la jornada del domingo…